Hace poco más de una semana, en una extensa entrevista que le concedió a nuestro diario, el filósofo español Fernando Savater que estuvo en Buenos Aires, dijo que le gustaban los niños y las escuelas porque en ese ámbito las preguntas no están dirigidas a causar impresión. "Preguntan porque quieren saber, no porque desean causar un efecto en los demás. Y preguntan tanto que no dejan dar la clase. En cambio, el problema que tenemos en la universidad es que nadie pregunta nunca nada. La verdadera pregunta es qué pasó entre el niño que preguntaba sin dejarte hablar y el joven que te deja hablar y no pregunta nada... Qué pasa entre el niño que no para de preguntar y el joven que no pregunta ni aunque le amenaces con una pistola. Según pasan los años, el ser humano se va haciendo esclavo. El niño pequeñito es libre todavía y quiere saber para él: nunca hace preguntas rentables", sostuvo el intelectual siempre preocupado por la educación.
Sin embargo, su mirada despertó disidencias entre los docentes, pedagogos y psicólogos tucumanos, aunque un doctor en Filosofía se inclinó por darle la razón al pensador ibérico: "La docencia no ha conseguido ubicarse, ante las preguntas del alumno, con una correspondiente creatividad de las respuestas. ¿Qué hace la pedagogía desde la primaria al posgrado? Enseñar a repetir, no a pensar. Y encuentra su justificación en una abundantísima bibliografía ante la que practica una sumisa reverencia que procura imponerla a sus alumnos".
Para una psicóloga con 25 años en la docencia, la clave del asunto está en la manera de enseñar de los docentes. Explicó que una cosa es dictar clase siguiendo un modelo enciclopedista, y otra, generar entre los alumnos espacios de debate, de participación y de realización. Una psicóloga social manifestó que en la universidad los jóvenes comenzaron a preguntar, a debatir, en los 90, con la crisis económica y la conmoción que provocó en el ámbito familiar por la desocupación. Dijo que los jóvenes que hoy cursan la secundaria tienen docentes que son hijos de quienes se formaron en el período del silencio con la dictadura militar y acotó que muchos de sus colegas de 30 a 40 años admiten que tienen una formación empobrecida derivada de la prohibición de preguntar.
Mientras algunos alumnos señalan el autoritarismo de los docentes, el aburrimiento de las clases y la dificultad de participar en clases multitudinarias de 300 estudiantes como causas del "mutismo", una pedagoga dijo que hay una preocupación por sacar de las escuelas la figura paradigmática del pasado, de un docente que tenía prohibido, incluso, manifestar su propia ideología. En su opinión, el cercenamiento que caracterizó el sistema educativo de nuestro país sigue aún vigente. "Hoy, por el contrario, estamos promoviendo diseños curriculares que garanticen una formación docente generadora de ideologías en la escuela. Un profesor que pueda hablar abiertamente con los chicos; docentes capaces de crear didácticas que mejoren la calidad de los aprendizajes; profesores que generen ideologías en las aulas. No hay otro modo que hacerlo en libertad", sostuvo.
Sería positivo que se debatiera en profundidad sobre estos aspectos de la educación. Es innegable que el avance de la informática ha generado nuevos caminos para acceder a la información y ha cambiado los hábitos en los niños y jóvenes, y en muchos adultos, de manera que también debería modificarse y adaptarse a los nuevos tiempos, donde la información -no el conocimiento- se ha democratizado. Tal vez haya muchos educadores, pero pocos maestros. "Los mejores maestros son aquellos que saben transformarse en puentes, y que invitan a sus discípulos a franquearlos", decía el escritor griego Nikos Kazantzakis.